El Blog de Fidel

Mirar fuera de tu industria para diseñar mejor tu servicio

Escrito por Ana Fer Montiel | Aug 5, 2026, 7:40:52 PM

Cuando una empresa quiere mejorar su servicio, suele comenzar mirando a sus competidores.

Un hotel observa a otros hoteles. Una empresa de logística analiza a otros operadores. Una firma profesional revisa lo que hacen otras consultoras. Una tienda compara su experiencia con la de otros negocios de retail, lo mismo pasa en el sector médico.

Este ejercicio ayuda a reconocer estándares del sector, aunque también puede conducir a que todas las propuestas terminen pareciéndose.

Las ideas más interesantes aparecen cuando ampliamos la mirada y observamos cómo otras industrias resuelven problemas similares a los nuestros.

Una empresa de logística puede enseñarle a un hotel a comunicar mejor los tiempos de espera. Una tienda puede mostrarle a una firma profesional cómo ofrecer mayor autonomía. Un servicio de hospitalidad puede ayudar a una empresa B2B a rediseñar la forma en que recibe a un nuevo cliente.

El diseño de servicios permite hacer precisamente eso: observar una solución, comprender qué necesidad atiende y traducir su principio a un contexto distinto.

Las industrias cambian, pero muchas fricciones se repiten

A primera vista, una tienda, un hotel, una consultoría y un operador logístico parecen tener poco en común. Sus procesos, clientes, instalaciones y entregables son diferentes.

Sin embargo, cuando observamos la experiencia desde las necesidades de las personas, comienzan a aparecer coincidencias.

En todas estas industrias existen clientes que:

  • Esperan una respuesta.
  • Necesitan entender qué sucederá después.
  • Entregan información o documentos.
  • Desean tener mayor control.
  • Viven momentos de incertidumbre.
  • Requieren acompañamiento cuando algo cambia.
  • Evalúan si la experiencia recibida coincide con la promesa inicial.

Por eso, una solución creada para una industria puede contener un principio útil para muchas otras.

La investigación sobre innovación entre industrias explica que este enfoque permite aprovechar soluciones desarrolladas en otros campos mediante analogías: se identifica un problema equivalente, se estudia la lógica de la solución y se adapta a una nueva realidad.

La palabra importante es adaptar.

La práctica visible es únicamente la superficie. El verdadero aprendizaje se encuentra en entender qué fricción resuelve, qué necesita para funcionar y qué efecto genera en el recorrido del cliente.

 

Del retail a los servicios profesionales: dar autonomía también es servir

En algunas tiendas de Zara y Decathlon, el proceso de pago ha cambiado. El cliente coloca sus artículos, el sistema los identifica y puede completar la compra con mayor autonomía.

Inditex ha desarrollado distintas modalidades de pago y recolección integradas a la tienda, mientras que Decathlon utiliza tecnología RFID para facilitar la identificación de productos, agilizar el cobro y mejorar la disponibilidad del inventario.

Visto desde fuera, el aprendizaje podría resumirse en instalar una caja de autocobro. Esa sería una lectura demasiado literal.

El principio estratégico es más amplio: dar autonomía al cliente en una etapa sencilla puede reducir esperas y permitir que el equipo concentre su atención en los momentos donde realmente aporta valor.

Este principio puede viajar a los servicios profesionales.

Una firma legal, un despacho de arquitectura o una consultoría podrían aplicarlo mediante:

  • Un sistema sencillo para programar reuniones.
  • Un espacio donde el cliente consulte avances.
  • Una forma clara de entregar información.
  • Un repositorio para encontrar documentos y acuerdos.
  • Una ruta visible con las siguientes etapas del proyecto.

La intención consiste en facilitar las interacciones rutinarias y reservar el acompañamiento humano para las decisiones que requieren criterio, contexto y confianza.

Antes de incorporar una plataforma, conviene identificar en qué momento aparece la fricción. Quizá el problema se encuentra en la espera, en la falta de claridad, en la dificultad para encontrar información o en la dependencia de una sola persona para obtener respuestas.

La tecnología genera valor cuando responde a una necesidad concreta dentro del recorrido.

 

De la logística a la hospitalidad: comunicar el avance reduce incertidumbre

En logística, el cliente rara vez observa directamente lo que está ocurriendo con su mercancía. Entre la recolección y la entrega intervienen rutas, operadores, documentos, almacenes, aduanas y posibles cambios.

Por eso, una parte importante del servicio consiste en hacer visible el avance.

Los números de rastreo, las notificaciones de estatus y los avisos sobre incidencias ayudan a que el cliente comprenda qué está pasando, qué puede esperar y cuándo necesita actuar.

Este principio resulta valioso para el turismo y la hospitalidad.

Un huésped también atraviesa momentos de incertidumbre:

  • Antes de llegar, necesita confirmar horarios e indicaciones.
  • Al arribar, quiere saber dónde dirigirse.
  • Durante una espera, necesita comprender cuánto tiempo tomará.
  • Al realizar una actividad, requiere claridad sobre el siguiente paso.
  • Cuando surge un cambio, valora recibir información oportuna.

Un hotel que recibe a muchos huéspedes al mismo tiempo puede aprender de la lógica logística. Puede anticipar los picos de llegada, separar flujos, comunicar tiempos, distribuir información antes del arribo y definir qué sucede con cada grupo.

El aprendizaje va más allá del rastreo. Consiste en hacer visible un proceso que para el cliente permanece oculto.

Cuando una persona entiende dónde está, qué está pasando y qué sigue, la espera se percibe de otra manera. La comunicación se convierte en parte del diseño del servicio y deja de ser una reacción frente a la inquietud.

De la hospitalidad a los servicios B2B: el onboarding también es una bienvenida

La hospitalidad ha desarrollado una sensibilidad especial hacia las llegadas.

El momento en que una persona entra a un hotel, restaurante o experiencia turística establece expectativas. La señalización, el saludo, la orientación inicial y la claridad sobre lo que sucederá después influyen en la percepción del resto del servicio.

En muchos servicios B2B, la venta recibe una enorme cantidad de atención. Hay reuniones, propuestas, presentaciones y seguimiento comercial. Una vez que el cliente acepta, la transición hacia la operación puede sentirse abrupta.

Aparecen solicitudes de documentos, nuevos contactos, términos internos, calendarios y tareas. El cliente acaba de tomar una decisión importante y necesita confirmar que eligió bien.

El principio que puede trasladarse desde la hospitalidad es sencillo: cada nuevo cliente necesita sentirse esperado.

Un onboarding B2B diseñado desde esta perspectiva puede incluir:

  • Una bienvenida coherente con la promesa comercial.
  • Una explicación visual de las etapas del servicio.
  • La presentación de las personas que participarán.
  • Criterios claros para compartir información y tomar decisiones.
  • Un primer avance que genere confianza.

El objetivo estratégico es conectar la experiencia comercial con la experiencia operativa. La relación comienza desde el primer contacto, pero se confirma cuando la empresa demuestra que puede sostener lo prometido.

 

De los servicios B2B al retail: personalizar también implica recordar

Las empresas de servicios profesionales suelen construir relaciones de largo plazo. Conocen el contexto del cliente, recuerdan decisiones anteriores y ajustan sus recomendaciones de acuerdo con sus objetivos.

Esa continuidad puede enseñar mucho a los negocios de atención al público y retail.

Personalizar significa reconocer la relación acumulada y utilizarla para facilitar la siguiente interacción. Un cliente recurrente aprecia que la empresa recuerde sus preferencias, compras anteriores, necesidades y conversaciones pendientes.

En una tienda, clínica, restaurante o negocio con atención presencial, este principio puede traducirse en:

  • Recomendaciones relacionadas con compras previas.
  • Continuidad entre canales digitales y físicos.
  • Registro de preferencias relevantes.
  • Seguimientos vinculados con una necesidad real.
  • Reconocimiento de la etapa en la que se encuentra cada cliente.

Aquí también importa observar el propósito antes de elegir la herramienta.

Un programa de lealtad, una aplicación o un CRM pueden almacenar información. La experiencia mejora cuando esa información ayuda a que la siguiente interacción resulte más clara, pertinente y fluida.

 

El riesgo de copiar únicamente lo que se ve

Una práctica exitosa suele llamar la atención por su parte más visible: una pantalla, una aplicación, un protocolo, una distribución del espacio o una nueva forma de entregar el servicio.

Detrás de esa solución existen procesos, decisiones, capacidades y aprendizajes que permanecen fuera de la vista del cliente.

Tomemos nuevamente el autocobro. Para que funcione, la empresa necesita identificar los productos, integrar inventarios, facilitar el pago, prevenir errores, orientar al usuario y mantener disponible al equipo cuando se requiere apoyo.

La pantalla es el punto de contacto. La operación es lo que sostiene la experiencia.

Por eso, trasladar una práctica entre industrias requiere analizar al menos cuatro dimensiones:

1. La fricción original

¿Qué situación buscaba mejorar la práctica?

Puede ser una espera, una pérdida de información, una entrega confusa, una dependencia innecesaria o un momento de incertidumbre.

2. El principio estratégico

¿Qué cambió realmente para el cliente?

Quizá obtuvo autonomía, visibilidad, seguridad, continuidad o una ruta más clara.

3. La capacidad operativa

¿Qué necesita hacer la empresa para sostener la solución?

Aquí entran los procesos, las responsabilidades, los sistemas, la información y la preparación del equipo.

4. La adaptación al contexto

¿Qué características de nuestros clientes, servicio y operación deben considerarse?

Una práctica aporta valor cuando encaja con la realidad de la empresa y con la forma en que sus clientes desean vivir el servicio.

Este análisis convierte una referencia interesante en una decisión estratégica.

 

Cómo encontrar aprendizajes útiles fuera de tu industria

Observar otras industrias funciona mejor cuando partimos de un problema claro.

En lugar de buscar empresas que se parezcan a la nuestra, podemos buscar organizaciones que hayan resuelto una fricción equivalente.

Si el reto está en los tiempos de espera, conviene observar aeropuertos, hospitales, parques temáticos o empresas de logística.

Si buscamos mejorar el onboarding, podemos estudiar hoteles, plataformas digitales, servicios financieros o instituciones educativas.

Si el cliente necesita mayor autonomía, el retail, la banca y los servicios digitales ofrecen referencias interesantes.

Si el reto es mantener la consistencia mientras la empresa crece, podemos observar cadenas de hospitalidad, franquicias, servicios de transporte o negocios con múltiples sucursales.

Estas preguntas ayudan a orientar la observación:

  1. ¿Qué momento del servicio queremos mejorar?
  2. ¿Qué necesita sentir, entender o hacer el cliente en ese momento?
  3. ¿Qué otras industrias enfrentan una situación parecida?
  4. ¿Qué principio sostiene sus soluciones?
  5. ¿Qué tendría que adaptar nuestra empresa para aplicarlo?
  6. ¿Cómo podríamos probarlo en una escala pequeña?
  7. ¿Qué indicador permitiría saber si produjo una mejora?

Las respuestas permiten pasar de la inspiración a una hipótesis que puede evaluarse.

 

Diseñar también significa aprender a mirar

Observar otras industrias amplía las posibilidades del diseño de servicios.

La logística puede enseñarnos a gestionar la incertidumbre. La hospitalidad, a cuidar las llegadas y transiciones. El retail, a facilitar la autonomía. Los servicios profesionales, a construir continuidad y confianza.

Cada sector ha desarrollado respuestas valiosas frente a problemas que también aparecen, con otra forma, en muchas empresas.

La oportunidad está en mirar más allá de la solución visible. Cuando comprendemos la necesidad, el principio y la operación que la sostiene, podemos traducir el aprendizaje a nuestra realidad.

En Fidel trabajamos con empresas de turismo y hospitalidad, logística y comercio exterior, servicios profesionales y B2B, así como negocios de atención al público y retail. Esta diversidad nos permite reconocer patrones, conectar aprendizajes entre sectores y encontrar posibilidades que suelen pasar inadvertidas cuando observamos únicamente a la competencia.

Las mejores ideas pueden venir de otra industria. El valor aparece cuando las adaptamos a la forma en que nuestro servicio necesita ser vivido.

 

Conversemos sobre tu servicio

En una sesión de exploración con Fidel revisamos cómo se vive hoy tu servicio, identificamos sus principales fricciones y exploramos qué aprendizajes de otras industrias podrían adaptarse a tu empresa.